Rafael María Moscoso Puello fue un científico, biólogo, naturalista, botánico, educador, profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y director del Instituto Botánico desde el 15 de abril de 1941 hasta su deceso.

Fue el primer científico dominicano que estudió la flora nacional. Nació en Santo Domingo el 17 de febrero de 1874. Se graduó de farmacéutico en la Universidad de Santo Domingo en 1896. En 1907 se estableció en Santiago de los Caballeros, donde comenzó sus investigaciones sobre la flora dominicana.

Moscoso Puello publicó más de 100 trabajos sobre botánica, incluyendo la Flora de la República Dominicana, un libro de dos volúmenes que se publicó en 1936. También nombró, en el siglo XX, nuevos géneros, especies y subespecies para la ciencia.

Moscoso Puello fue un importante contribuyente al conocimiento de la flora dominicana. Su trabajo ayudó a preservar y proteger la biodiversidad del país. Fue un pionero en la investigación botánica en la República Dominicana y su legado continúa inspirando a los científicos de hoy.

Datos biográficos

En la Cruz de Regina, en la calle Padre Billini No. 48, de Santo Domingo de Guzmán, el 15 de febrero de 1874 nace el Dr. Rafael María Moscoso, hijo del ma- trimonio de los señores Juan Elías Moscoso Rodríguez y Sinforosa Puello, quienes además procrearon otros 5 vástagos.

Sus padres se esforzaron en proporcionarles una esmerada educación, como resultado de este esfuerzo, lograron entregar a la sociedad prominentes ciudadanos y connotados profesionales en diversas ramas del saber humano.

El niño Moscoso, en 1884, con 10 años de edad, fue inscrito en la “Escuela Pre- paratoria” y dos años más tarde ingresó a la “Escuela Normal” dirigida por el sabio educador Don Eugenio María de Hostos, donde recibió una educación fundamentada en el desarrollo de la razón en base a la realidad, la verdad, el desarrollo de la moral y la virtud, como lo expresara el propio Hostos al celebrarse la primera graduación de este Centro en 1884.

Se graduó de “Maestro Normalista” en 1989, con apenas 15 años de edad, reci- biendo el certificado un año después al cumplir los 16, edad reglamentaria en el país en ese tiempo, para poder obtener el certificado de Maestro Normal.

Cuando ingresó a la Escuela Normal ya se había perfilado en él su inclinación por las ciencias naturales, la Física y la Química, en especial por la Botánica. Al percatarse de las destrezas que tenía el joven Rafael Ma. Moscoso, el Maestro Eu- genio María de Hostos lo escogió para que condujera los experimentos de química en los cursos prácticos de la Escuela. También, en las clases de botánica fue quién enseñaba a sus compañeros la morfología vegetal, ya que al parecer, su profesor no distinguía bien los órganos vegetales.

Una anécdota tomada de su ficha del Museo de Historia Natural de New York, revela que era un niño extremadamente precoz que una vez vio a un compañero de clase con un libro de imágenes de plantas y resolvió comprárselo, y así comenzó una vida dedicada al estudio de la botánica. Recolectando plantas desde que tenía 13 años.

Las dotes, la figura y el prestigio del Dr. Rafael Ma. Moscoso trascendieron más allá de los intereses de los distintos gobiernos dominicanos que se sucedieron durante su existencia. Pocos dominicanos pueden ostentar el haber ocupado 16 posiciones en diferentes instituciones estatales de manera sucesiva durante los gobiernos de cinco presidentes distintos, incluyendo el mandato de la Ocupación Norteamericana. Desempeñó funciones durante la gestión de Juan Isidro Jimenes (1914-1916); Ulises Hereaux, Lilís (1887-1889); Ramón Cáceres (1906-1911), durante la Ocupación Norteamericana (1916-1924); Horacio Vásquez (1924-1930); así como durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina (1930-1960).

Más destacable aún es la versatilidad de este prominente hombre de ciencia, seis de sus puestos fueron en el área educativa, tres relacionados con la botánica y la agricultura, cuatro en el área administrativa, uno en comisiones oficiales y dos como redactor en prestigiosos periódicos.

Como complemento a todos estos destacados talentos, en 1920, recibió el Exe- quátur que le otorgó la Licencia de Farmacéutico, ejerciendo esta profesión tanto en un negocio de su propiedad como en otros de particulares.

Sus colecciones botánicas, sus escritos, la multiplicidad de funciones administra- tivas que desempeñó y su legado, en el marco del momento histórico en que trans- currió su vida, testifican que el Dr. Rafael María Moscoso fue un ser extraordinario, de notable inteligencia y un verdadero conocedor de la labor del científico.

Al hurgar sobre su existencia, resulta evidente que su vida profesional y personal estuvo impregnada de las enseñanzas del Maestro Hostos, a quien profesaba una gratitud tal, que le dedicó una especie botánica, la Bidens hostosianus (Asteraceae) y su obra cumbre el Catalogus Florae Domingensis. En la primera página de este invaluable compendio reza: “Maestro queridísimo, Eugenio María de Hostos, hom- bre Ilustrísimo, educador, y eminente filósofo, fabricante benevolentísimo. Esta es la obra de todo corazón, agradecidísimo”.

Sus Colecciones Botánicas

Las labores de colector del Dr. Moscoso se iniciaron en los alrededores de la ciudad de Santo Domingo, cuando apenas contaba 13 años de edad. Sin embargo, sus exploraciones botánicas formales y más intensas las realizó en los alrededores de la ciudad de Santiago de los Caballeros y en el Pico Diego de Ocampo. En la Cordillera Central, principalmente en las inmediaciones de San José de las Matas, Jarabacoa y Constanza. En la línea noroeste, en el Morro de Monte Cristi, así como en las provincias San Pedro de Macorís y Puerto Plata.

El año 1941 se interna en la región Sur, atraviesa la llanura de Azua hasta la zona oeste de San Juan de la Maguana, encontrando gran similitud con el panorama de la Línea Noroeste como él establece en su escrito sobre las “Cactáceas de la Flora Santo Domingo”.

En sus viajes de campo realizados por San José de Las Matas, lo acompañó su hermano el Presbítero Manuel de Js. Moscoso, quien residía en esa localidad. Tam- bién, el Dr. José de Jesús Jiménez participó en las excursiones botánicas realizadas en la línea noroeste, el Morro de Monte Cristi y al Pico Diego de Ocampo.

En las cercanías de Santiago, tanto él como Jiménez acompañaron al Dr. Liberty H. Bailey, especialista en palmas, quién buscaba ejemplares de nuestra especie Sa- bal umbraculifera para su publicación sobre palmeras. Con el Dr. Harry A. Allard, quien visitó el país en 1945, recolectó plantas e investigó sobre las posibilidades de establecer plantaciones de caucho en la República Dominicana.

En estas expediciones botánicas además de colectar muestras de plantas para su herbario, recogía rocas, conchas de moluscos y capturaba aves que disecaba y con- servaba para enviarlas al Museo de Historia Natural de París, del cual era Miembro Corresponsal. Además de las informaciones botánicas, anotaba observaciones sobre fitogeografía, ecología de las plantas, geología y ornitología. Dice Jiménez, “poco se escapaba a su mirada escrutadora”.

Algunas de estas travesías fueron descritas en interesantes artículos, publicados posteriormente en el periódico “La Información” de Santiago, en los cuales daba a conocer los hallazgos más sobresalientes y ofrecía informaciones que consideraba de interés tanto científico como general.

Sus últimos años

A partir del año 1945 no apareció otra publicación nueva, aparentemente su estado de salud comenzó a empeorar fruto de un largo padecimiento, viéndose obligado a detener su encomiable e intensa actividad intelectual.

El último testimonio de su vida lo ofrece el Dr. Jiménez cuanto narra de manera breve su visita a su lecho una semana antes de fallecer “su mente conservaba aun el destello de otros tiempos. Se incorporó sobre su lecho y tuvo fuerzas para preguntarme por amigos suyos, botánicos americanos a quienes había conocido cuando fue a los Estados Unidos a publicar su obra. Hablamos de Botánica y comisionó a uno de sus hijos para que me enviase una planta para su correcta identificación, al siguiente día ya no volvió a hablar más. Sus últimas palabras y sus últimos pensamientos los dedicó a la pasión de su vida”.

El 12 de octubre de 1951, a la edad de 76 años y 8 meses, muere en su residencia de la calle José Contreras, No. 10 de la ciudad Trujillo, el pionero de la botánica de la República Dominicana, perdiendo el país a uno de sus dominicanos ilustres y la ciencia a uno de sus mejores exponentes.

En la Manzana 36 Oeste, en la Parcela 7, de la Zona A, del Cementerio Nacional de la ciudad de Santo Domingo, el día 13 de octubre de 1951 fueron depositados sus restos. En el libro de Registro de Fallecidos de ese campo santo, bajo el No. 36031 está asentado su nombre.

Su Legado

El Dr. Rafael María Moscoso es uno de los científicos dominicanos más destacados, su valor trasciende el tiempo y las generaciones; tal era su dimensión que fue altamente valorado por sus congéneres, situación poco frecuente. El Dr. Jiménez refirió en su biografía, “Tal era la estima que había ganado el Dr. Moscoso, que Don Francisco Henríquez y Carvajal, siendo Ministro de Exterior, por instrucciones del Presidente Juan Isidro Jiménez fue a visitarle a San José de las Matas, a ofrecerle una beca para enviarlo a ampliar sus estudios en Ciencias, en la Escuela Politéc- nica de París, propuesta que declinó por estar ocupado en la escritura de algunas de sus obras”.

La dimensión de su legado es difícil de establecer si consideramos las diversas áreas en las que trabajó, las diferentes funciones que realizó, su condición de ser pionero en distintas áreas del conocimiento. Más destacable aún, es el hecho de que muchos de sus logros los alcanzó siendo muy joven, prácticamente sin haber recibido una instrucción especial.

Indiscutiblemente, su vida fue un claro ejemplo de superación, de dedicación, de tenacidad, de compromiso. Un ser con una preclara visión del valor de la labor científica, metódico, sistemático, pertinaz, objetivo, en un constante proceso de bús- queda para la superación, con la impronta del “Pensamiento Hostosiano” en donde la razón es la piedra angular de todo proceso formativo.

El Dr. Moscoso fue un gran maestro, quien abrió las puertas al entendimiento del quehacer científico en los dominicanos y trazó puentes hacia otras latitudes, creando un nuevo espacio y una nueva dimensión de la dominicanidad.

Fuente: Jardín Botánico Nacional

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.