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Constanza

Constanza es uno de los valles intramontanos localizado a mayor altitud en la isla Española, cuenta con un clima fresco y templado dependiendo de la estación del año. Se encuentra en la Cordillera Central a 1150 metros de elevación y los picos de las montañas que lo rodean alcanzan hasta los 1400 metros sobre el nivel del mar. Los bosques alrededor de este valle están dominados por el pino, Pinus occidentalis Sw., nuestra especie endémica, siendo el árbol más abundante que caracterizan el paisaje.

Constanza

Este hermoso y productivo valle, tiene una extensión aproximada de cuatro kilómetros de Norte a Sur y ocho de Este a Oeste, medido en un mapa topográfico, con una superficie estimada en unas 32,000 tareas. La actividad económica desde el principio de los años de 1900 es primariamente agrícola.

La ciudad de Constanza, perteneciente a la provincia La Vega fue fundada en este valle acogedor. De acuerdo a los cronistas, el topónimo Constanza fue tomado del nombre de la hija de un cacique aborigen que vivió en la vecindad en el siglo XVI.

Los suelos de este valle están considerados como unos de los más fértiles del país, clasificados dentro de los órdenes Molisols e Inceptisols, son profundos, de origen lacustre y sedimentarios, constituidos mayormente de grava, arena, arcilla y materia orgánica, cuya formación se afirma ocurrió en la Era Cuaternaria.

Las principales fuentes fluviales con que cuenta este ubérrimo valle son los ríos Constanza, Grande y Pantufla, todos con caudales moderados, cuyas aguas son usadas para el consumo humano, agrícola y pecuario. El río Pantufla corre al sur de la ciudad, afectado por una alta contaminación causada por los efluentes de las aguas servidas y por los sedimentos con cargadas importantes de residuos de pesticidas, provenientes de las fincas agrícolas; en los años del 1950 había un balneario popular y en la actualidad por el deterioro en la calidad de sus aguas este recibe un limitado número de visitante.

El acueducto de la ciudad se surte del río de Pinar Bonito que corre por la margen sur del valle. También existe otra toma en Aguas Blancas, próximo al Convento, al sur del valle, para irrigar los proyectos agrícolas cercanos, estas aguas no llegaban a la ciudad. Estos sistemas de riego fueron desmantelados en 2019 por el Ministerio de Medio Ambiente en cumplimiento de la Resolución No. 14- 2016 que prohíbe todo tipo de actividad agrícola y ganadera en el Parque Nacional Valle Nuevo.

Población

Se estimaba que en el siglo XVIII vivían muy pocos habitantes; su población como es natural se ha ido incrementando de manera geométrica, de 408 personas en 1896, aumentó a 3,632, en 1920; 20,950 en 1960; 26,770 en 1970; 38, 524 en 1981; 55,3079 en 1993; 60,099 en 2000 y 59,000 en el 2010; como se podrá notar, en los últimos 50 años, el número de habitantes se ha duplicado en este municipio (Cassá, 2003 y ONE, 2012). Es importante resaltar que Constanza como municipio Debemos notar que el municipio de Constanza, propiamente dicho, es más grande que el valle y por ende tiene mayor número de habitantes ya que habría que incluir a los distritos municipales La Sabina y Tireo, que cuentan con cerca de 35,000 personas, de acuerdo con en el Censo de 2010 (ONE, 2012).

Clima

Constanza es considerada la ciudad más fría de la República Dominicana y de todo el Caribe; la temperatura promedio anual es 18.4 °C, con una oscilación térmica de 3.5 °C, entre el mes más frío, enero, con 16.3 °C y el más cálido, agosto, con 19.8 °C. Indudablemente que las bajas temperaturas están influenciadas por la altitud y la ubicación geográfica de este valle; al estar localizado entre dos macizos montañosos de la Cordillera Central, son dos factores determinantes que influyen en las bajas temperaturas.

Las lluvias son frecuentes, muchas veces torrenciales; la pluviometría promedio anual es de 1,000 mm, siendo los meses con mayores precipitaciones mayo, junio y septiembre-octubre, con un período seco en la temporada de invierno, es decir de enero- marzo.

Historia

Constanza fue un lugar con escasa población, su localización entre escarpadas montañas y la falta de caminos dificultaba bastante su acceso, aunque su aislamiento no impidió que algunas personas se interesaran en habitar este recóndito valle. A pesar de lo apartado de este agreste lugar, existen evidencias de asentamientos de poblaciones aborígenes, antes del descubrimiento de la isla.

Existen pocos datos sobre los asentamientos europeos en los primeros años de la colonia. El primer cronista (según Cassá, 2003) que menciona el nombre Constanza, fue Luis Joseph Peguero en el 1762.

Es a partir de los años del siglo XVII que varios exploradores visitaron este valle. Se tienen noticias de un colono de nombre Victoriano Velano que llevó las primeras vacas y yeguas a Constanza en 1750 (Moreau de St. Mery, 1750). En el 1852, el explorador y cónsul británico Sir Robert Hermann Schomburgk reportó la existencia de una granja habitada en el Valle de Constanza. Veinte años más tarde, en 1871, el geólogo norteamericano William Gabb informó la exitencia de 12 bohíos, (casas rústicas).

En los años de la guerra por la Restauración de la República se estableció en Constanza un cantón militar (c. 1860-1865) por ser este valle un punto estratégico de las montañas de esta zona. En ese tiempo ya era una sección de Jarabacoa.

Años más tarde, en 1887, el Barón de Eggers en sus exploraciones por la Cordillera Central y a su paso por Constanza encontró unos 30 bohíos diseminados en todo este valle y cita la existencia de unos 100 habitantes.

La Villa de Constanza fue fundada en 1894 y seis años más tarde, en el 1900, fue elevada a puesto cantonal. El 9 de septiembre de 1907 fue elevada a la categoría de municipio perteneciente a la Provincia La Vega, estado en el que permanece en la actualidad.

Actividades Agrícolas y Forestales

Existen pocos datos acerca de los cultivos introducidos en los primeros siglos en el Valle de Constanza. Moreau de St. Mery (1783) hace mención de un predio sembrado de trigo. Mientras que Robert Schomburgk (1852) reportó haber visto en cultivo, apio, cebolla, puerro, tomillo y algunas especies ornamentales como claveles y azucenas. En el 1887, Eggers informó haber visto sembradíos de frijoles (habichuelas), batata, yuca, maíz y tabaco. Más tarde, en 1918, se hace mención nuevamente del cultivo de trigo, lo que indica que este cereal posiblemente permaneció cultivado por más de un siglo en este valle.

Subestación Agronómica de Constanza, 1918-1920

Constanza fue uno de los pocos lugares de la República Dominicana que fueron escogidos para instalar un campo de experimentación agrícola, debido a las exclusivas condiciones climáticas imperantes en este valle, apropiada para probar con plantas de zonas templadas debido a las condiciones ambientales de esta zona montañosa.

(La Secretaría de Estado de Agricultura e Inmigración, 1916-1920) estableció una sub-estación agronómica experimental en el lugar, en agosto de 1918. Se seleccionó un terreno de 35.7 acres, unas 15.2 hectáreas (aproximadamente 243 tareas) un predio llano, con la capa vegetal poco profunda y de suelo fértil. La cubierta vegetal era un pequeño guayabal (Psidium guajava) mezclado con pinos jóvenes de bajo porte. Un detalle de interés era que los terrenos en donde estaba ubicada la estación experimental los atravesaba un arroyo de aguas permanente.

El propósito de esta estación era de servir como centro experimental de propagación y comportamiento de determinadas plantas. Las subestaciones (en aquel tiempo, Constanza y Monte Cristi) se encargaban de elaborar y suplir los procedimientos para el intercambio de semillas y plantas a las distintas estaciones localizadas en distintos lugares del país. Estas mantenían comunicación y cooperación directa con la estación agronómica principal que estaba ubicada en Haina. (Secretaría de Estado de Agricultura e Inmigración, 1916-1918).

La agricultura en el valle después de los años 1950

En los años de 1950, los españoles establecieron parcelas de varios rubros agrícolas como: ajo, cebollas, papas y tomates. Todavía la producción de ajo a escala comercial es una de las más importantes que se cosechan en este valle.

Con la llegada de los japoneses a la República Dominicana, se introdujeron al país nuevos cultivos y hortalizas tradicionales en la dieta de los asiáticos. Ellos fueron los pioneros en el cultivo de flores y follajes para suplir la demanda de la naciente actividad de las floristerías. En la actualidad, la producción comercial de flores y follaje continúa creciendo en este valle, al mismo ritmo de la demanda que va teniendo en el país.

En estos mismos años (1950), se inicia la producción en ambiente controlado con la instalación de viveros e invernaderos. Las empresas productoras que iniciaron esta modalidad de cultivo fueron: Jardín Lirio Cala, de José Coscolla & Cia, con sus campos de cultivo en Constanza y una jardinería para la venta en Santo Domingo, establecida en octubre de 1955, y el Jardín Constanza, propiedad de María Torre de Báez, establecido en septiembre de 1956.

Esta modalidad de cultivo implementada en Constanza por primera vez fue una gran innovación, la que al día de hoy representa el buque insignia de la producción de flores y vegetales que suple el mercado nacional e internacional.

En el 1957, la Secretaría de Agricultura, hoy Ministerio de Agricultura inició un proyecto de cultivo de avena y alfalfa, este ensayo tuvo corta duración. Para la misma época, se mencionan los cultivos de ajo, batata, habichuelas, hortalizas, maní, tomate y yuca.

La producción de árboles frutales exóticos nunca tuvo buen desarrollo en el valle, aunque en los años de 1980s, José Roselló estableció una plantación de ciruelas, manzanas, melocotones y otras frutas exóticas de climas templados en las lomas de El Convento, al sur de Constanza. Próximo a estas plantaciones, existe un invernadero de gran tamaño para la producción de flores.

También, el señor Hitoshi Waki, padre de Hiruki Waki, poseía un invernadero para la producción de flores para corte, ubicado en la Colonia Japonesa.

La producción comercial actualmente incluye cultivos de clima templado, como las hortalizas, fresas y flores de corte, cultivadas especialmente bajo invernaderos. También, se cosecha ajo, apio (de los Géneros Apium y Arracacia), cebollas, habichuelas, papas, remolacha, repollos, zanahoria y rábano.

En los patios de mayoría de las casas de la zona es frecuente encontrar pequeños viveros que ofertan plantitas de café, ornamentales de varias especies y es muy común los huertos familiares a pequeña escala con producción y venta continua de variadas flores en todas las estaciones del año. Estas actividades son muy arraigadas en muchas comunidades de Constanza, la que se mantienen como una tradición casi exclusiva, perdurando con el paso del tiempo. Afortunadamente, es una labor que además de generar el sustento a un gran número de familias de esas comarcas, embellecen el entorno de sus viviendas.

En el valle de Constanza se establecieron algunos viveros para la reproducción y venta de plantas ornamentales, arbustivas, así como también hierbas aromáticas como albahaca, menta, romero y orégano, entre otros.

Con el tiempo se establecieron algunos viveros que producían para la venta especies arbóreas ornamentales, principalmente exóticas para suplir la demanda de un mercado en crecimiento, tanto en Constanza como en otras ciudades.

En el presente, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales tiene oficina en Constanza y un pequeño vivero en el que reproducen especies forestales utilizadas para proyectos de reforestación en las zonas circundantes.

Otra actividad que tuvo un fuerte impacto en varios aspectos de la vida de cotidiana de Constanza, fue la industria madera desarrollada en la zona. Varios aserraderos fueron instalados en el centro de los bosques de pino para su corte y aprovechamiento. Fue un negocio que atrajo a ricos comerciantes para explotar los bosques de nuestro pino criollo, Pinus occidentalis, especie endémica, sumamente abundante en estas montañas, siendo una madera de buena calidad y con alta demanda en el mercado nacional, esto aseguraba la rentabilidad del negocio. También, de manera colateral aserraron las maderas preciosas del ébano verde, Magnolia pallescens y de la sabina, Juniperus gracilior, ambas endémicas de nuestra isla, entre otras.

Fue durante los últimos años de las décadas de 1940 hasta 1960, el período en que se abrieron las principales carreteras y caminos vecinales que conectaron al valle de Constanza con las montañas circundantes, como los que conducen a Valle Nuevo, Pinar Parejo y a La Culata de Constanza, entre otras vías de comunicación terrestre.

La actividad maderera perduró por casi dos décadas y fue tan intensa y brutal que tuvo que ser prohibida por el Gobierno Dominicano mediante la emisión de la Ley No.211, del 8 de noviembre del año 1967, que ordenó el cierre de todos los aserraderos del país.

Inmigración al valle

En el 1955 el gobierno dominicano asentó a los primeros inmigrantes españoles en Constanza, fueron posesionados en una zona cercana al este del centro del pueblo, un lugar que se conocía como Villa Angelita, que después del 1961 se comenzó a llamar La Colonia Española. Inicialmente, ellos se dedicaron al cultivo de papa, ajo, cebolla y tomate, así como otras especies de zonas templadas. Por distintas razones, muchos de los inmigrantes abandonaron el valle de Constanza en los años siguientes al 1950 (Cassá, 2007).

En el 1957 se realizó otro asentamiento, en esta oportunidad fue con ciudadanos procedentes de Hungría, esta colonia fue ubicada a 2.5 km sudeste de la ciudad, pasándose a llamar el lugar Colonia Húngara. Los húngaros no se adaptaron a las actividades agrícolas y en corto tiempo, entre los años de 1957 y 1959 abandonaron el país. Todavía este lugar conserva su nombre original, colonia húngara, aunque sus residentes no son los inmigrantes originales.

Luego, entre en los años de 1956 y 1957, llegaron a Constanza los inmigrantes japoneses, quienes se dedicaron a las actividades agrícolas, mayormente al cultivo de flores y hortalizas típicas del Japón; eran cultivos pocos conocidos por los dominicanos. El primer grupo de japoneses lo conformaron unas 17 familias, integradas por 120 personas. Estos fueron asentados en una zona distante a 2 km al sur del centro de Constanza. A estos inmigrantes se les brindaron algunas facilidades y servicios como: viviendas, escuelas, se construyeron canales de riego y se les prepararon los terrenos para las siembras. El lugar donde fueron posesionados pasó a llamarse Colonia Japonesa., que de acuerdo con Peguero (2005) y Cassá (2007), este fue posiblemente unos de los esfuerzos importantes dirigidos a implementar el desarrollo de Constanza. Por diferentes causas y razones la población japonesa disminuyó en los años de 1960.

Constanza como centro de turismo de montaña

La construcción del Hotel Nueva Suiza, se inició en el año 1950 durante el gobierno de Rafael Leonidas Trujillo, en la comunidad de Las Auyamas, al sur del poblado de Constanza y fue inaugurado el 19 de junio de 1954 para fomentar el turismo de montañas.

Como atractivo, en el 1957 se construyó una represa pequeña sobre el Arroyo Constanza, al suroeste del poblado, resultó ser un balneario denominado “El Chorro” que era frecuentado por los clientes del Hotel Nueva Suiza.

Este hotel tuvo mucha actividad en las décadas de los años de 1950 y 1960. Desde la década de los sesenta cayó en un avanzado estado de deterioro por falta de mante- nimiento lo que provocó la disminución de los turistas y el cierre de sus instalaciones.

Luego de un período de letargo y años de constantes saqueos, en 2017 se anunciaba la firma de un contrato para el inicio de los trabajos de reconstrucción. Finalmente, el hotel Nueva Suiza reabrió en 2020, completamente renovado y con el brillo e importancia de sus años dorados.

Otro atractivo icónico de Constanza es Aguas Blancas, la espectacular caída de aguas de 83 metros de altura, distante a 10 kilómetros al sur de Constanza, en el camino hacia Valle Nuevo, frecuentada por cientos de visitantes desde hace mucho tiempo.

En los últimos años, Constanza ha tenido un desarrollo sostenido en las infraestructuras para dar acogida a los cientos de turistas que visitan la zona para disfrutar del clima y sus atractivos naturales. Se han abierto números hoteles, restaurantes con buena gastronomía y diversos tipos de alojamiento, incluyendo sitios para acampar.

Fuente: Jardín Botánico Nacional, ONE

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